I’m a believer

14 03 2008

Esta es una de esas típicas historias exponenciales donde se empieza yendo a misa y se acaba tonteando con la muerte. Todo empieza cuando mi hermano tiene a bien llevarme a visitar la Crystal Cathedral.

Crystal Cathedral

Pasamos por delante de la puerta y vemos que dentro hay gente tocando (hablo de música, no de curas). Es una banda cristiana que suena bastante bien si no se le presta mucha atención a la letra, aunque reconozco que a mi tampoco se me ocurre cómo rimar “biblia”. De la actuación en sí no hay mucho a destacar: la banda es una familia que lleva el nombre de la difunta abuela y que ha ido creciendo hasta tener asignados todos los intrumentos de la orquesta (de lo que se deduce que la niña de la bandurria fue ‘no deseada’). Mientras, mi hermano y yo vamos dándole vueltas a la forma de huir dignamente antes de que pasen el cepillo. En ese momento, una pareja de ancianos se levanta del banco situado justo detrás. El hombre lleva una camiseta-parodia del “Enjoy Coca-Cola” que dice “Enjoy Jesus Christ”. Malo. Al pasar detrás de mi hermano, le pone una mano en el hombro (en plan paternal). A continuación, le pone la otra mano en la cabeza (en plan chimpancé) y se la sacude un poco (no, ahora tampoco hablo de curas). Tras un momento de tensa calma, lo deja ir. Se centra en mi. Repite el proceso. Mano al hombro. Mano a la cabeza. Sacudida. Me suelta el hombro. Para cogerme la barbilla. Yo estoy de espaldas al hombre, pero he visto suficientes peliculas de Chuck Norris como para saber que viene a continuación. Rotura de vértebras de la C1 a la C7. El anciano inicia la rotación de mi cabeza. El ángulo empieza a ser peligroso hasta para Macario. Cruzamos las miradas y su sonrisa afable no hace más que añadir más sadismo a la escena. Soy consciente de que puedo escapar, pero estoy totalmente paralizado (similar a cuando deslumbras a un ciervo con las largas y unos metros más alante dices: pues creía que le daba tiempo…). Me empieza a hablar de forma telepática: “¿Lees la Biblia? Porque he memorizado un pasaje; de Ezequiel, 25:17…”. Súbitamente, mira a su mujer, ella asiente, me suelta la cabeza y se va.

A los que esperabais un final sangriento, siento decepcionaros. Al resto, deciros que aún tengo el miedo en el cuerpo. La teoría de mi hermano es que en su día la esposa lo pilló tocando a alguna moza y ahora el tío va manoseando a todo el mundo en plan “¿ves cariño? si es lo normal…”.

Eso explicaría muchas cosas. Pero no las suficientes.


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