Esto es Hollywood. Literalmente.
Toda la chicha se concentra en una única calle, el popular “paseo de la fama”, una calle llena de gente curiosa y/o abatida caminando con la cabeza gacha. Dan ganas de pararse a cada paso y retratarse con todas las estrellas, pero el tiempo apremia y hay que ser selecto.
La siguiente parada es el Grauman’s Chinese Theater, que viene a ser más de lo mismo, solo que aquí los famosos ponen sus zarpas en el cemento. Sube la moral comparar tus pies con los de Stallone y poder decir orgulloso: “Los tengo más grandes que Rambo”. Al igual que antes, sólo hay tiempo para fotografiarse con los elegidos.
Y por último, el Kodak Theater, el lugar donde se entregan los Oscars. Los románticos del cine podéis dejar de leer, el resto, sabed que es un sitio con menos glamour que un gitano en alpargatas. Viene a ser una suerte de Heron City pero en rancio (no te digo nada y te lo digo todo).
Y esto es todo lo que merece ser visto en Hollywood. Resumiendo, decepcionante. Y eso que estaba avisado. Pero es como cuando te dicen que no metas los dedos en el enchufe: hasta que no lo pruebas no te quedas tranquilo.
Caminando sobre la alfombra roja, poco antes de recibir el premio a la estupidez.
Ahora si, recibiendo el premio a la estupidez.




No puede haber nada en este mundo que sea más rancio que el Heron City. Me niego a creerlo.
(Eres un genio. Me parto con tu blog).